Aguardiente de caña, pisco y ron de melaza: los destilados artesanales de Ecuador y Perú que seducen a los sumilleres del mundo

El renacimiento de los destilados ancestrales

Durante décadas, los grandes destilados latinoamericanos vivieron a la sombra del whisky escocés y el cognac francés, relegados al consumo local sin mayor ambición de exportación ni reconocimiento internacional. Sin embargo, una nueva generación de productores artesanales en Ecuador y Perú está reescribiendo esa historia con métodos centenarios, ingredientes irrepetibles y una narrativa de origen que cautiva a bartenders y sommeliers en Nueva York, Tokio y Ámsterdam.

El aguardiente de caña del Ecuador: tradición con vocación de lujo

En las riberas del río Chone, en la provincia de Manabí, pequeñas destilerías familiares producen aguardiente de caña con procesos que combinan alambiques de cobre heredados con fermentaciones de hasta 72 horas, obteniendo un destilado de carácter limpio y perfumado que nada tiene que envidiar a los mejores rhum agricole de la Martinica.

La hacienda San Lorenzo, una de las más antiguas de la zona, presentó en 2025 su primera edición numerada de aguardiente añejado en barrica de roble americano durante 18 meses, alcanzando notas de vainilla, caramelo tostado y fruta tropical que sorprendieron en la feria Spirits Selection de Bruselas, donde obtuvo medalla de plata en su categoría.

Este reconocimiento no fue un hecho aislado. La destilería Seis Cañas, fundada en la costa ecuatoriana hace cuatro generaciones, también exporta hoy pequeños lotes a tiendas especializadas de Madrid y Berlín, donde se comercializa como un destilado de autor con denominación de origen en proceso de certificación.

El pisco peruano: la disputa que alimenta la excelencia

Ningún debate en el mundo de los destilados tiene la carga emocional del que enfrenta a Perú y Chile por la paternidad del pisco, pero más allá de la política de las denominaciones, lo que nadie discute es la calidad creciente de las bodegas peruanas que trabajan con variedades no aromáticas como el Quebranta y las aromáticas como el Albilla, la Italia y el Torontel.

La bodega Caravedo, en el valle de Ica, elabora el Portón, uno de los piscos más premiados del mundo, siguiendo métodos del siglo XVIII: uvas cosechadas a mano, fermentación en tinaja de barro y destilación discontinua en alambique de cobre. El resultado es un destilado de 42 grados que expresa con fidelidad el terruño costero peruano, con aromas florales intensos y una textura sedosa en boca que lo posiciona como ingrediente de alta coctelería en los mejores bares de Lima, Londres y Shanghái.

La nueva generación de pisqueros también experimenta con maceración de plantas nativas como la muña y la hierbaluisa, creando ediciones especiales que amplían la gramática sensorial del destilado sin abandonar su identidad.

El ron de melaza: el gran secreto de las costas cálidas

Ecuador posee una industria ronera poco conocida fuera de sus fronteras, pero de gran sofisticación técnica. La empresa Zhumir, fundada en el Azuay, produce desde hace más de cien años rones y aguardientes que son patrimonio sentimental de la Sierra ecuatoriana. Sin embargo, son las nuevas destilerías costeras las que están generando mayor expectativa internacional.

La destilería Alma de Caña, en Guayas, trabaja exclusivamente con melaza de caña orgánica certificada, fermentada con levaduras silvestres capturadas del ambiente local, lo que confiere a cada añada un perfil único e irrepetible. Su ron añejo de ocho años, presentado en botella numerada y cápsula de cera, fue seleccionado en 2025 por la plataforma de catas The Rum Cask entre los diez mejores rones artesanales de Sudamérica.

El papel de los sumilleres y la coctelería de autor

El interés de los especialistas no es casual. En los últimos tres años, concursos internacionales como el Diageo World Class han incorporado categorías específicas para destilados latinoamericanos, y varios bartenders ecuatorianos y peruanos han alcanzado semifinales mundiales utilizando pisco y aguardiente de caña como base de sus creaciones.

Los sumilleres más prestigiosos de Lima, como los del restaurante Central, ya incluyen maridajes con pisco selecto dentro de sus menús de degustación, tratando el destilado con la misma reverencia que un gran vino de Borgoña.

El camino es largo, pero la dirección es inequívoca: los destilados artesanales de Ecuador y Perú están conquistando, copa a copa, un lugar irreversible en la cultura global del lujo líquido.

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